Entrevista con el maestro don Cipriano: «La docencia me quitó hasta la vista, baby»

Es día del maestro y nos dimos a la tarea de ir a un pueblito donde comentan que hay un maestro muy bueno, muy bondadoso y con mucha vocación de nombre Cipriano, catedrático casi ciego, pero con un amor inmenso por la niñez y la enseñanza.

“¿Qué cómo veo lo de ser maestro? Pues no sé, porque mis cataratas ya no me permiten ver nada”, nos dijo don Cipriano. “Sin embargo, es una satisfacción muy grande ver que gracias a nosotros, los niños llegan a ser personas de bien. Aunque para acá no llega nada nunca. No puedo ver el día en que nos manden cualquier ayuda los de la SEP”.

— ¿Qué opina de los malos maestros, esos que no enseñan nada?

— Pues yo no tengo nada que ver con eso. De repente se ven colegas que no sacrifican nada por el alumnado, pero no hay que ver lo que otros no hacen, sino tratar de hacer las cosas bien. Yo, por ejemplo, y no me quiero ver presumido, pero con sacrificios le traje hoy un par de zapatos a un niño de lo más humilde, pero estudioso. Se llama Simitrio.

— ¿Es muy difícil ser maestro y tener problemas de la vista?

— Pues a veces veo con desánimo que mis alumnos no ponen atención, pero yo veo a futuro y sé que todo lo que les instruyo les va a servir en la vida. Mi problema de los ojos lo siento como algo que el tiempo me hizo pasar. Pero me gusta ver la vida de una forma diferente, optimista. Aunque a veces entristece un poco ver que la gente olvida lo enseñado una vez que sale de la primaria.

— Bueno con todo respeto, tuve muy buenos maestros y creo que no me he olvidado de nada

— A ver, jovencito, dígame dos pronombres

¿Quién, yo?

— Excelente.

— ¿Qué opina de los maestros que exigen sus derechos haciendo plantones?

— Lo veo con buenos ojos. Bueno, como dicen, todo depende del cristal con que se mira. Pero siempre hay que ver hacer el bien, y ellos no sólo defienden lo suyo, porque, fríamente, sus derechos son mis derechos, y también ven por mí.

— ¿Tiene algo planeado para hoy, que es día del maestro?

¿Día del maestro? ¡Si es asueto! ¡Con razón no ha llegado Simitrio! Se me olvidó ver el almanaque hoy.

¿Alguna anécdota que nos quiera compartir?

— La vida a veces me deja ver cosas satisfactorias, pero en ocasiones los alumnos son muy crueles. Una vez llegué al salón y nadie me hacía caso, así que les dije que el que se quisiera ir, se fuera. Con una sola persona que se quedara en el aula, me era suficiente. ¿Y qué cree? Sólo uno se quedó.

¿Simitrio?

No, yo. Me dejaron solo los hijos de la tiznada.

Hay muchas personas que le tienen cariño a la carrera magisterial y la ejercen con compromiso y responsabilidad, a pesar de lideresas feas, bajos sueldos, falta de materiales, instalaciones deficientes, alumnos maleducados y padres prepotentes. Eso se llama vocación.

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